Surtopía: Camino de Cádiz, hay camino…


Se tenía  ganas de visitar Surtopía, y acceder más allá de la barra; probando los platos de José Calleja.  En horario de viernes noche, el local presenta un lleno, lo que provoca que casi no haya espacio entre alguna de las mesas y la barra. Emplazamiento muy cercano a la puerta de salida que me pareció algo incomodo por el continuo ir y venir de clientes. Además esta noche dado que el número de mesas ocupadas es elevado, han corrido las cortinas que separan  el comedor y la barra; provocando que el novel de ruido sea algo molesto.

Comenzamos con unas típicas tortillitas de camarones, cinco unidades, generosas en camarones, algunas de ellas demasiado frita desde nuestro punto de vista. Estaban buenas, pero esta vez no me parecieron tan especiales.

Seguimos con el carpaccio de gambas con ajillo crujiente y hojas tiernas. Correctamente ejecutado, se presenta templado, y el sabor es totalmente reconocible a gamba fresca. La única cuestión que me surge es si supera a unas gambas al ajillo. En potencia sápida la respuesta sería negativa, pero en delicadeza, estética puede ser afirmativa. Personalmente desplacé la rucula a un lado para conseguir un sabor más nítido.

Y acabamos los entrantes con un salmorejo de pimientos asados con migas de bacalao. El plato menos agraciado de la cena. Flojo de sabor, algo anodino, sin fuerza y se podría pensar que fuera más sabroso debido a que el ingrediente principal eran pimientos.

Como plato principal una urta guisada a la roteña de mejillones. Otra pequeña decepción. En este guiso, donde la urta debería “bailar” con los mejillones y la salsa, nosotros creemos que cada uno de ellos bailaba solo, como si no se conociesen de haber estado juntos mientras se cocinaban.  Nos pareció que los ingredientes estaban poco integrados entre sí.

Por otra parte probé otros dos platos principales, el tataki de tiburón del Guadalquivir en su propio alioli, y las albóndigas de cazón en amarillo con almejas. El primero me pareció original, acertadamente macerado y con el toque perfecto de plancha. El tiburón del Guadalquivir resultó ser un marrajo, con una textura parecida a lo que sería emperador, ó pez espada. Las albóndigas de cazón resultaban sabrosas, potentes, con gran sabor a mar.

Cena acompañada de un Bolo Godello (Valdeorras) que se sirvió perfecto de temperatura y junto con cubitera. Aunque se olvidaron preguntar si tomaríamos otra una vez finalizada la 1ª.

En lo relativo a los postres, tarta fina de manzana con crema helada tostada y unos quesos de oveja y cabra payoya de la sierra de Cádiz. La primera resulta ser una de las especialidades, y cumple correctamente ese cometido. Buen postre para finalizar con puntos dulces. Los quesos, buena selección y sobre todo temperatura adecuada.

Al final de la cena, se ha acercado José Calleja a la mesa, y le hemos dado nuestra opinión sobre los diferentes platos. Durante todo el pase, José ha estado bastante tiempo en la sala, entendemos que revisando los platos y escuchando a los clientes.

Nos ha parecido una cena correcta en general, pero con algún plato que desde nuestra humildad puede ser revisado; y sin ninguno que nos haya llamado la atención. Nos ha faltado esa gracia gaditana en los sabores, y una mayor intensidad en alguno de ellos.

La sala mejorable en la disposición de las mesas, la nuestra resultó bastante ruidosa. Como aspectos positivos, el tratamiento del tiburón en su tataki, el carpaccio de gambas, y el interés del cocinero por la opinión de las diferentes mesas.

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