Solana Abril 2017 : Explorando sendas


Cada año visitó Solana en la Bien Aparecida (Cantabria) al menos dos veces. La propuesta de Ignacio Solana es cada vez más sólida y progresa paso a paso en busca de identidad propia transitando por diferentes caminos. Personalidad que desde mi punto de vista se debe construir alrededor del producto, de su temporada y de aumentar o equilibrar el sabor del ingrediente principal con composiciones de pocos componentes que siempre aporten.

Los platos que más disfruto en Solana son los que se podrían englobar dentro de una cocina aparentemente sencilla, donde la técnica se coloca en la sala de máquinas y no frente a los ojos del cliente. Culinaria que recuerda platos clásicos para tratar de dar una pincelada moderna sin ser rabiosamente contemporánea. La ligereza y elegancia como muestra del rejuvenecimiento de pases como los calamares con patatas, los guisantes con bacalao o las setas con huevo.

Ignacio se mueve mejor en la campechanía de la esencia que en la mezcla compleja. Más domador que equilibrista. Brilla cuando se focaliza en estrujar la sustancia y el carácter del género.

La bandera de los aperitivos se levanta con el foie caramelizado con gel de avellana. Potencia de arranque, recuerdos de Zuberoa. Tonos dulces y untuosos. Sencillo, reconfortante y goloso..

Ya les había hablado de las croquetas de Solana. Me parecen de una fragilidad absoluta, con una bechamel muy trabajada, quebradiza y de buen sabor. Fueron hace unos meses las flamantes ganadoras del concurso a la mejor croqueta patrocinado por Joselito durante Madrid Fusión. Lo merecen.

Croquetas Solana 2017

El bocadillo vegetal de codorniz está riquísimo y es algo complejo de comer. Se facilitaría la ingesta a través de un soporte individual que diera forma a la hoja de lechuga. El punto y lacado de la codorniz brillan. Gulesco y disfrutón.

Solana 2017

Ya ha comenzado la temporada del bocarte en el cantábrico. En esta ocasión se presenta bajo un rebozado orly y acompañado de un crujiente de algas. Bueno.

Entramos en harina; el menú largo (80 €) que propone Ignacio Solana consta de cuatro aperitivos, nueve platos y dos postres. Y cada pase no es de solo un bocado. De Solana, con hambre no se sale. El verdel (caballa) con escabeche de codorniz resulta perfecto. Un pulcro ensamblaje en el que se disfrutan de todos los elementos. Acertadísimo. Esta es la senda.

Verdel Solana 2017

El calamar con ñoquis y pesto es un claro ejemplo de la línea que más disfruto en Solana. Naturalidad y esencia con un fondo de mucha categoría. El ñoqui como sustituto de la patata y el plato como una modernización de un guiso de calamar con patatas. Ya espero la versión de este mismo plato con el veraniego chipirón de guadañeta. Superior.

Calamar en texturas Solana 2017

De temporada y alta categoría son los espárragos blancos, con caldo de jamón, perrechicos y bacon de mar. Trabajadísimo un fondo de jamón que levanta el espárrago al que le falta un poco de sazón. Bueno.

Se parte de una combinación ganadora en las colmenillas rellenas de foie y chirivía con carbonara y trufa negra. A modo de espuma, esa carbonara resulta más etérea y sedosa, dejando todo el protagonismo para la colmenilla y el aporte olfativo y gustoso de la trufa. Aplausos suculentos.

En el guisante perla del maresme, bacalao y yema campera destaca el producto. Crujientes, cada guisante debe ser explotado en la boca para sacar todo el rendimiento a su textura y sabor. Puro satén que conduce a una composición elegante, en la que una cococha de bacalao varía una textura sedosa. Una adaptación hacia la ligereza. ¡Qué bueno!

Los mariscos y pescados en los que Ignacio Solana suele destacar comienzan con la cigala, jamón blanco Joselito, caldo de berza ajipicante y aire de sus cabezas. El velo ibérico resulta complicado de cortar al ser muy fino y estar en una sola pieza. La cigala excelsa de punto con parte de su esencia en ese aire que resulta demasiado volátil incitando al plato a transitar por la planicie palatal. Una composición que tendré que volver a probar.

Cigala Solana 2017

Como he comentado en otras ocasiones, Ignacio personaliza el menú degustación en función de los clientes. Con los más asiduos, toma más riesgos. Nos conocemos, tenemos amistad y se atreve a que pruebe sus nuevos platos. Uno de ellos, la raya con pilpil de perrechicos y curry indio. Concepto no acertado en estas proporciones y preparación. El pescado demasiado suave cuando se cocina al vapor y se acompaña de setas y curry que provocan un eclipse en su gusto. Secundarios que no refuerzan el sabor yodado de la raya.

Algo similar ocurre con la merluza de anzuelo al vapor, su colágeno y consomé marino vegetal, aunque de forma más liviana. El caldo de criadillas de tierra aporta mucho sabor frente a la delicadeza de la merluza. El punto del pescado es inmejorable, pero la técnica del vapor en este plato no es la más adecuada.

En cambio, el pecho de vaca estofado y lacado con clorofila es digno de alabar. Se saca el máximo partido a una pieza menos noble. Se engrandece la carne través del tiempo y la baja temperatura. Se acompaña con un punto de clorofila que se limita a refrescar. Sobresaliente.

Refrigerante es la ensalada dulce de tomate con sorbete de yogurt. Funcionan bien el tomate y la fusión que se realiza con un liviano almíbar. Riesgo y destreza.

Notable es el postre de los caramelos. Suena más azucarado de lo que realmente es. Dulce, pero también etéreo y crujiente. Helado y espuma encajan a la perfección. Se avanza en los postres. Se comienza como se finaliza con ese caramelo crujiente. Un dulce colofón.

En esta visita, algunos pases se encontraban fuera de la línea culinaria en la que Ignacio brilla, tratando de equilibrar mezclas complejas. No obstante, la mayoría relucen bajo esa aleación entre producto de temporada, gusto tradicional y ligereza contemporánea sin perder la esencia del sabor. Calamar, colmenillas, guisante y verdel son un póquer de platos de alto nivel. Mejora en el apartado dulce y enunciados de platos ligeramente demodé.

Sala cuyas vistas a los verdes prados relajan. Mesas amplias y con buena separación entre ellas que provocan calma. Servicio numeroso cuyo siguiente reto debe ser aumentar la interactuación y recomendación al cliente en el aspecto vinícola.

La cocina de Cantabria pasa por La Bien Aparecida y por Ignacio Solana. Es una dirección sólida y para el que escribe, el restaurante que más fácil resulta de recomendar en Cantabria. La disposición tanto de carta como menú, una política de precios ajustada y ese paladar más tradicional que revolucionario lo provocan.

Solana Abril 2017 : Explorando sendas

 

 

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6 Comments

  1. Aurelio Gómez-Miranda
    24 abril, 2017
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    Ha ganado muchísimo tu blog con este restyling. ¡Aaaacierto!

    P.D.: Bien por los Héroes, yo fui muy amigo de uno de ellos, de Joaquín Cardiel

    • Eso me lo tenías que haber dicho antes… Fui muy fan: les he visto bastantes veces y a Bunbury también. Los Heróes marcaron una gran época. Tienes que ir a Solana

  2. 25 abril, 2017
    Responder

    ¡¡Vaya fotos!! No me salen así a mi en la vida.

    • Hola TOni,
      Pues son el teléfono y luego algún filtro sencillo, sin utilizar nada demasiado complejo. En este caso lo más importante es la luz natural, horario de comida. Gracias por comentar.

  3. Toni Grimalt
    1 mayo, 2017
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    ¡Qué bien comí en Solana! ¡Y qué a gusto estuvimos junto a esos amplios ventanales y sus vistas al pequeño valle! Me has hecho recordar una gran jornada. Ganas de volver. ¿Observo mayor evolución en los postres?

    • Así es Toni. hay foco en los postres y se nota. Mejoran, se afinan. Siempre se está muy bien en Solana. Los ventanales enganchan.

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