Cinco años sin volver a Playa de Vega son muchos. Cinco años sin rendirme a las brasas que maneja Abel Alvarez y a la bodega de Chema Batalla. Actualmente Güeyu Mar solo abre los mediodías de miércoles a domingo. Menos servicios porque Abel también tiene que atender también la fábrica de conservas que cada vez añade más elaboraciones a su propuesta latera.
Güeyu Mar sigue siendo sin lugar a duda uno de los grandes asadores de este país. La zona de brasas ahora es más amplia y los parrilleros trabajan en mejores condiciones que antaño. También se cuida el número de comensales máximo que se puede atender para que el servicio a los clientes sea el mejor posible y no se vean afectados los tiempos.
Cabe destacar igualmente la labor de Juan en la sala. Escuchando, apañando la comanda en función del número de comensales y lo que se quiere degustar y con una amabilidad natural que desgraciadamente es una rara avis.
Comenzamos con un aperitivo de la casa; en concreto la conserva de Güeyu Mar de paté de sardinas. ¿Qué decir? Sabroso, limpio en cuanto a su gusto. A mucha distancia de cualquier otro que podamos encontrar en el lineal del supermercado. Definitivamente, otro tipo de conserva.

El salpicón de bogavante es uno de los platos estrella de esta casa. Para mí, ha habido cambios en su elaboración que han mejorado el resultado final. Siempre ha sido muy generoso en el crustáceo, pero en este 2025 lo he encontrado menos ácido, con menos presencia gustativa de la vinagreta. Esto ha provocado que ahora hay mayor foco en el sabor del bogavante, siendo éste mucho más profundo y yodado. Sobresaliente.

En el Cantábrico, verano es sinónimo de chipirones de anzuelo o de maganos de guadañeta como se denominan en Cantabria. Abel les sirve enteros, quitándoles únicamente la pluma. Es en un pase como éste donde se percibe la técnica de la brasa. El cefalópodo mantiene todo su sabor, de ramalazos dulces, sin que la brasa y el fuego lo alteren. Abel en plena forma.

La sardina es un emblema de Güeyu Mar tanto como el rey que asoma en su emblemática fachada. Además de en conserva, también las sirven a la brasa. Sardina de tamaño extraordinario, que viene ya eviscerada para despojarla de ese punto de amargor. Casi para tomarla con cuchillo y tenedor, aunque el que escribe siempre piensa que las sardinas se comen en verano y con las manos. Espléndidas.
En estos años de ausencia en las visitas, también se han hecho de un pequeño huerto. Siembran, entre otras hortalizas, piparras que Juan había recogido por la mañana. Se sirven fritas y son el acompañamiento adicional para un fuera de pista de este día de agosto, las fabes con oricios. Sabrosas, de notable textura, pero sin estar el oricio en su plenitud gustativa.

Otra de las novedades de Güeyu Mar, como han podido comprobar, es la incorporación de la cuchara. Sin duda un verdadero acierto para ampliar la amplitud de la carta y poder dividir una comanda en entrantes, cuchara y pescado a la brasa. También probamos las fabes con bogavante. En este caso, me parecieron soberbias. Una vez que la faba es buena y el guiso está bien trabado, lo importante es qué se le echa para dotarlas de ese sabor marino. Y en esa línea, bogavante en cantidades generosas con todos sus jugos. Sin duda, un nuevo indispensable de Güeyu Mar.
Cualquier pescado a la brasa en Güeyu Mar es apetecible. El rey se ha convertido en un pescado de alta demanda y por lo tanto alto precio, por lo que a veces, se da paso a otros igualmente atractivos. En este caso, me decanté por el mero. Trozo proveniente de una pieza de nueve kilogramos. Como no podía ser de otra forma, jugoso, en un asado perfecto sin apenas apreciación de las brasas en su sabor inmaculado. Sobresaliente.

Para finalizar y continuar con la línea de la brasa, la piña a la brasa con helado de hierbabuena. Un postre sencillo y refrescante con tonos dulces y herbáceos para rematar una comida muy cerca del sobresaliente.
Güeyu Mar sigue su línea esencial de mariscos y pescados a la brasa, desde una perspectiva de ascuas repletas de nitidez y elegancia. A esa senda, se le van añadiendo novedades como la cuchara y la huerta y mejoras como la evolución de su magnífica bodega y la consolidación de un servicio amable que además se adapta a la singularidad de cada mesa. Además de forma voluntaria, la sala no se masifica y eso se nota en el ritmo del servicio y la espera entre los pases.
En definitiva, Güeyu Mar sigue siendo uno de los restaurantes de pescado a la brasa con más garantías de este país. Sin duda, un lugar muy especial por oferta, bodega, amabilidad y ubicación.
Güeyu Mar: La elegancia de las brasas.






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